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HABLEMOS DE POLÍTICA, POR ULTIMA VEZ, PORQUE YA CANSA

Por R RAMOS-PEREA

(A propósito de un insulto recibido de una feminazi).

Siempre me considero un hombre de izquierdas en el sentido más político del término.

Desde que tengo uso de razón política, la mira de mis ataques -en los años 70 con Marx, Lenin, Mao y la arqueología de la economía radical- siempre supe que la mira de todos mis actos debía ser la colectividad, la sociedad oprimida por el capitalismo, la corporatocracia, luchar contra el racismo, la homofobia, la desigualdad entre el hombre y la mujer, la explotación del obrero, y la censura cultural.

Obviaba el hecho de que Mao fuera el causante de millones de muertos, que Fidel en su “pureza” revolucionaria mandara al paredón a tantos hermanos cubanos, y que la justa ideología marxista, malentendida a capricho por cuanto loco dictador de izquierda hay, haya motivado las más agrias divisiones y explotaciones sociales. Tenía muy claro que las únicas infamantes crueldades provenían – sigo pensándolo- de un país que se llama Estados Unidos, su capitalismo, su CIA, y toda la lepra política de las derechas que hemos padecido desde que Miles nos invadió por Guánica.

En cuanto a mi Nación, soy separatista. Por un tiempo di mi voto al partido que decía representar la vía electoral del independentismo, aunque la verdad es que ese partido solo representaba el narcisismo de sus líderes. Esto no ha cambiado. Luego vi en un nuevo partido la posibilidad de una unión de propósitos entre todos los sectores contra el bipartidismo, pero eso también se jodió tras la “alianza” con el narcisismo.

Lo que me pareció revolucionario en un momento en que muchos jóvenes dimos lo que teníamos por aquellas causas de justicia PARA TODO EL MUNDO, hoy son apenas voceríos estériles que solo complacen el ego herido de un par de líderes estultos.

Seré un viejo de mierda, pero jamás seré obediente ni borrego. Pero el surgimiento de una nueva clase de nazis, de fascistas ideológicos autoproclamándose lo que no son ni entienden, ha tomado por las armas de la censura, la cancelación, el acoso, el insulto y la rabieta, el poder que ahora nos subyuga.

Estos militantes de la “sexodiversidad” y la “autopercepción”, del feminazismo, de lo que es y no es “trans”, de lo “anti fóbico”, de lo anti “normativo”, de la marginalidad burguesa, del antimisoginismo y el afronazismo… los que solo saben usar la palabra “machismo y patriarcado” como la usan las cotorras, estos pederastas autorizados por la “nueva tolerancia”, estos hombres “feminizados” y estas mujeres “masculinizadas”, estos tarados de la “inclusión” que quieren cambiar la sociedad con sus pendejos “elles” y “cuerpas”, - despertaron en mí el desprecio más crudo con que pueda enfrentar todo tipo de poder. Sí, y lo peor es que muchos de ellos militaron conmigo contra las más degradantes ideas político-sociales. Ellos han reducido las más nobles luchas al lloriqueo por su falta de autoestima.

Soy un anarquista. Descarto toda noción de poder que no nazca de acuerdos colectivos, descarto las sucias estrategias de conseguirlo y sobre todo pienso en la SOCIEDAD. No uso esa palabra para esconder mi individualismo romántico -porque existe un romanticismo social, pero estos nuevos nazis no tienen la más puta idea de lo que es eso ni mucho menos como vivirlo.

Me cansé de estos “nuevos progresistas” que marginando las más apremiantes causas sociales de la Nación, se entretienen en dividirla en minúsculos grupos de orientaciones, preferencias y diferencias. Me cansé de sus agendas de venganza histórica, y sepan que no les temo. A mi edad, ya no temo a casi nada. Eso sí, no me interesa cruzar espadas con brutos y pendejos porque como dijo Facundo, “son muchos”.

Simplemente me cansé de mirarlos cómo terminan siendo igualitos a aquellos que combaten y siendo cómplices, a sabiendas, de aquellos que los dividen y los matan.

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