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𝐔𝐍𝐀 𝐌𝐀𝐑𝐀𝐕𝐈𝐋𝐋𝐎𝐒𝐀 𝐈𝐌𝐏𝐄𝐑𝐓𝐈𝐍𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀

𝐏𝐨𝐫 𝐑𝐨𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐑𝐚𝐦𝐨𝐬-𝐏𝐞𝐫𝐞𝐚

En el día de ayer he cometido una imprudencia maravillosa. Aun cuando el mundo está en colapso, no puedo detenerme a lamentar ni añadir mis opiniones a las que ya gente mucho más preparada que yo en geopolítica ha ofrecido gratuitamente a través de las redes. Tengo mis posiciones, como todos, pero tengo que seguir adelante. Nuestra vida continúa. Nuestras actividades no pueden detenerse porque un loco hitleriano esté creyendo que domina el mundo.


Con la nueva designación de Melissa Reyes como presidenta del Instituto Tapia, quedo relevado de muchas de las tensiones que agravaron mi Miastenia Gravis y tengo instrucciones de reducir mis actividades al máximo. Me han pedido que me quede como “dramaturgo residente”, y me parece bien. Me dedicaré a escribir mi teatro y mis ensayos sobre afrodescendencia, teatro y por supuesto cine y a cometer imprudencias como la que cometí ayer.


Estuve reunido por largo rato con el cineasta e historiador de nuestro cine, el profesor Eduardo Rosado , y su esposa, la cineasta Kathy Garcia. Aparte de nombrarlo al Comité Académico Asesor —pues Rosado es un destacado profesor de cine y fundador del Conservatorio de Cine de Puerto Rico—, con la anuencia de la nueva presidenta y con el visto bueno del académico José Orraca-Brandenberger, (Académico de nuestro Consejo especializado en cine), 𝐡𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐛𝐚𝐭𝐨́𝐧.


Le puse en sus manos, como premio a su aceptación, el guion de 𝐿𝑎 𝑐ℎ𝑎𝑟𝑐𝑎, escrito por uno de los padres de nuestro cine, a quien no se le ha hecho todaa la justica que merece y quien es para mi, el más importante renovador de nuestro arte filmico, el 𝐌𝐚𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐀𝐦𝐢́𝐥𝐜𝐚𝐫 𝐓𝐢𝐫𝐚𝐝𝐨. Lo considero un trofeo inigualable y único en su clase.


De la misma forma, le doné a su Conservatorio de Cine todos los materiales de cine que personalmente había acumulado durante más de cuarenta años: la biblioteca de cine y los archivos, película por película, del cine puertorriqueño que acumulé en recortes de periódico, programas, festivales y otros documentos. También puse a su disposición una copia de toda la colección de nuestro cine puertorriqueño, que estoy seguro es la más amplia de todo el país, especialmente en los largometrajes de ficción y en aquellas películas extranjeras filmadas en Puerto Rico o de tema nacional.


Como testigo de este acto estuvo el dramaturgo y hermano Alexis Sebastian Mendez. Y yo, con cierta voz temblorosa, miré a Rosado a los ojos y le dije: “ahora te toca a ti”. Y recordé cuando el maestro Ricardo Alegría, poniéndome la medalla de su Fundación en el pecho y de los que la recibimos quedamos ya apenas dos o tres —algo de lo que siempre me gusta presumir porque vino de alguien a quien de cierta forma veneré—, y me dijo: “ahora te toca a ti”.


Necesito delegar la tarea de “salvar ALGO de la cultura” a una generación inteligente y capaz. A mi limitado modo lo hice, y ahora me toca a mí pasar esa tarea, al menos en lo que a la historia de nuestro cine se refiere. Del teatro nacional, ya eso es otro cuento que les contaré después pues lo tengo muy pegado del alma.

Les deseo la más hermosa de las suertes a Eduardo Rosado y a Katty García con esta impertinencia maravillosa que acabo de cometer, sobre todo para la inmensa y magna actividad -festival de cortos, exposición de material histórico, foros, conferencias entrevistas, etc- que se llevará a cabo en marzo en conmemoración de los 130 años del cine, para la que cuentan con el total apoyo, tanto de recursos como de presencia del Instituto Alejandro Tapia y Rivera.

 
 
 

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