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INSTITUCIONES CULTURALES COBARDES


Por R RAMOS-PEREA

Siempre me han disgustado, por irresponsables y cobardes, las instituciones culturales o intelectuales que no asumen posiciones con respecto a los problemas de la sociedad. Las llamadas a ser las vigilantes del sentir del pueblo, se AUTOCENSURAN constantemente con tal de no perder el favor de gobierno, de las iglesias cristianas o de los partidos, para no “calentarse”, ni ofender, ni ser problemáticas.

Por años, instituciones como el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Ateneo, la Universidad, el Centro de Ricardo Alegría, y muchas de las academias y colegios (Abogados, Prensa, Jurisprudencia, Historia, Lengua, Artes y Ciencias, archivos, museos, bibliotecas, seminarios), gozaron de un prestigio indiscutible en nuestro país por sus claras posiciones públicas respecto a los asuntos tanto de la cultura como de la política. Eran orientadores del pueblo, aunque no representaran el sentir de toda su junta o su matrícula. Las instituciones TIENEN UN NOMBRE QUE DEBEN REPRESENTAR, y esos nombres imponen deberes, compromisos y causas.

Hoy ya no es así. En una gran mayoría -exclusiones estipuladas para quien quiera excluirse de una injusta generalización- las instituciones culturales de defensa del patrimonio, están silenciadas por el poder político, el chantaje económico, por programas de partidos y el estado cristiano religioso.

Muchas corean: “Si decimos esto o aquello, nos quitan los chavitos que nos dan”.

¿Cómo lidiar con este COBARDE asunto? Empecemos por ¡reconocer el problema de irresponsabilidad moral!

Como hemos dicho: YA NO EXISTE DIVISION ENTRE IGLESIA Y ESTADO en Puerto Rico porque aquí la ¡IGLESIA ESTA DENTRO DEL ESTADO! Sobran las pruebas.

Y tanto el chantaje de los votos de los religiosos como el económico de los políticos y la ramplona simpatía de derechas e izquierdas, son los que están determinando la capacidad de las instituciones culturales para ser la voz del pueblo. Por eso la calle, la protesta pública no partidista en las redes sociales, se convierte en la única alternativa para esta urgente confrontación. LA CONFRONTACIÓN ES LA ÚNICA DEFENSA CONTRA LA COBARDÍA.

Las instituciones culturales no pueden seguir escudándose con: “nosotros trabajamos cultura, no política”. Quien asevera esto, reduce la cultura al espectáculo, o peor, a vulgar industria económica vendible y comprable. Y eso es inmoral.

Cuando fundamos el Instituto Alejandro Tapia y Rivera, a parte de nuestra prioritaria misión con la dramaturgia, el cine, la cultura afrodescendiente y la dramaturgia de la diáspora, sumado a todas las demás manifestaciones culturales, incluimos la discusión de los temas más urgentes de la sociedad como parte de nuestro “tanque de pensamiento”, sean estos de política, de religión, de filosofía, de ciencias, de sociología, de pseudociencia, de doctrina, de esoterismo, ¡de tantas cosas que constituyen el saber y sentir humano con las que HAY QUE COMPROMETERSE!

La discusión con los fundamentalistas cristianos que he sostenido en estos días es parte de este compromiso. ¿Por qué? PORQUE NUESTRA INSTITUCIÓN HONRA A UN HOMBRE que dio obra y vida por su Nación: porque Alejandro Tapia y Rivera, el fundador cultural de nuestra patria, nunca temió en usar su sabiduría en beneficio de la discusión abierta y libre de los asuntos más apremiantes de su pueblo.

Aunque le costara sus ‘chavitos’.

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