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LOS PRIMEROS TRANFORMISTAS


Por R RAMOS-PEREA.

El transformismo es un arte que se practica en Puerto Rico desde finales del Siglo XIX.

Dos famosos transformistas lograron llenar los teatros de San Juan en varias temporadas. Europeos los dos, tenían la habilidad de cantar, bailar, cambiarse de ropas en segundos e interpretar numerosos personajes de ambos sexos frente a un público maravillado por su talento.

Estos fueron LA PRESA, quien en 1905 realizó una exitosa temporada por todos los teatros del país, y FREGOLINI, quien en 1915 abarrotó La Perla y El Bizcochón, así como el Coliseo Municipal con un espectáculo en el que se cambiaba de personajes y vestuarios una veintena de veces frente al público y sin ayuda, a una velocidad que dejaba atónitos a los críticos. Estos espectáculos no tenían restricciones de edad para ser vistos. Ni tampoco se asoció la orientación sexual de estos actores al espectáculo que realizaban. De hecho, no tenemos maneras de saber su orientación sexual.

Para esas mismas fechas, o quizá desde antes, varios actores puertorriqueños lo intentaron con poco éxito. Con el tiempo, el hecho de que un hombre se vistiese de mujer en un escenario comenzó a molestar a los sectores religiosos quienes lanzaron todo tipo de comentarios sobre este arte.

Nada nuevo, pues desde 1809, ya hemos dicho que el Obispo Puertorriqueño Juan Alejo de Arizmendí llamaba al teatro puertorriqueño "oficina de la lujuria", entre otras lindezas.

Si hemos visto noticias, de los años 1920 al 1950 donde la Policía arrestaba y encarcelaba a los hombres que se vistieran de mujer en sitios públicos o privados. (existieron teatros libertinos en San Juan desde la misma década del 1910). Así el transformismo fue criminalizado porque fue asociado por el código civil, a prácticas de perversión sexual y prostitución. Eso no tiene más explicación que la moral de la época y la presión religiosa.

La discusión del actual proyecto para prohibir la presencia de transformistas -o las hoy llamadas "dragas"- en los planteles escolares, si bien no tiene ni méritos ni futuro, no es menos cierto que hay cierto tipo de espectáculos que deben destinarse a los públicos que pueden recibirlos sin objeciones obvias.

No somos partidarios de ofrecer a niños de escuela elemental, en sus propios planteles, espectáculos impropios de su nivel de aprendizaje, cuando existen materias educativas más apremiantes y necesarias.

Lo que no podemos aceptar es la existencia de la censura previa en los espectáculos destinados a adultos. Creo que eso no amerita mucha discusión, bajo el sencillo concepto de libertad de expresión, libertad artística y derecho a la parodia.

Lo demás, es paja al viento.

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