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RESEÑA CRITICA: LA CUARTERONA

Por: Luis Mayo Santana

Domingo, 14 de junio de 2026.

 

Dirección y adaptación de Roberto Ramos-PereaTeatro Francisco Arriví, Santurce | Festival Arriví en el Arriví | junio de 2026


La nueva puesta en escena de La cuarterona, dirigida y adaptada por Roberto Ramos-Perea, constituye uno de los acontecimientos teatrales más significativos de la temporada cultural puertorriqueña. Más que una reposición de un clásico decimonónico de Alejandro Tapia y Rivera, esta producción se propone rescatar la fuerza original de una obra que denunció tempranamente el racismo y las contradicciones morales de la sociedad colonial puertorriqueña. La restauración de fragmentos censurados de la edición de 1867 devuelve al texto una contundencia ideológica que durante décadas permaneció atenuada.


La decisión de Ramos-Perea de regresar a la versión primigenia de la obra demuestra una profunda comprensión histórica y teatral. Lejos de tratar el texto como una reliquia museográfica, el director lo presenta como un documento vivo cuyas tensiones raciales, sociales y afectivas continúan interpelando al Puerto Rico contemporáneo. La tragedia amorosa de Julia y Carlos deja de ser una historia romántica de época para convertirse en una reflexión sobre los mecanismos persistentes de exclusión y prejuicio que atraviesan la identidad puertorriqueña.


Uno de los mayores logros del montaje reside en su equilibrio entre respeto al lenguaje original y dinamismo escénico. Ramos-Perea evita la tentación arqueológica que suele afectar las representaciones de textos clásicos. La palabra conserva su densidad literaria, pero la dirección imprime un ritmo que permite al espectador contemporáneo acceder a los conflictos sin sentir la distancia temporal. La codirección de Luis Javier López contribuye a una puesta en escena fluida donde cada cuadro mantiene tensión dramática y claridad narrativa.


La interpretación de Melissa Reyes como Julia sostiene el eje emocional de la producción. Su personaje encarna simultáneamente la fragilidad y la resistencia de una mujer atrapada por las estructuras raciales de su tiempo. Frente a ella, Israel Solla construye un Carlos convincente, dividido entre el deseo amoroso y las imposiciones de una sociedad jerarquizada. Ambos actores logran transmitir la dimensión humana de un conflicto que trasciende lo individual para adquirir resonancias históricas y colectivas.


El resto del elenco aporta solidez a una representación coral donde destacan los personajes que encarnan los prejuicios y contradicciones de la élite criolla. En particular, la figura de Jorge, interpretada por Luis Javier López, adquiere una relevancia singular dentro de esta versión restaurada, al subrayar la presencia de los sujetos racializados que el discurso oficial de la época procuraba invisibilizar.

Desde una perspectiva estética, la producción privilegia la claridad narrativa sobre el efectismo. La iluminación, la música y los elementos visuales funcionan como soporte del conflicto dramático y no como distracción. Esta sobriedad favorece que el público concentre su atención en la palabra y en la dimensión ética de la obra, aspecto esencial en un texto cuya vigencia descansa precisamente en la potencia de sus ideas.


El principal mérito de esta propuesta radica en demostrar que La cuarterona sigue siendo una obra incómoda. Más de siglo y medio después de su escritura, las preguntas que formula sobre raza, privilegio, movilidad social y discriminación conservan una perturbadora actualidad. Ramos-Perea entiende que el verdadero homenaje a Tapia y Rivera no consiste en celebrar un clásico nacional, sino en devolverle su capacidad de cuestionar al espectador.


En definitiva, esta producción de La cuarterona se afirma como una recuperación histórica de gran valor cultural y, al mismo tiempo, como una intervención crítica en los debates contemporáneos sobre identidad y memoria. Roberto Ramos-Perea logra que un texto fundacional del teatro puertorriqueño vuelva a respirar con intensidad renovada, confirmando que los clásicos sobreviven no por su antigüedad, sino por su capacidad de dialogar con el presente.

Una puesta en escena rigurosa, intelectualmente estimulante y profundamente pertinente para el Puerto Rico del siglo XXI.


Por ello, esta nueva puesta en escena merece ser considerada como un acontecimiento cultural de importancia. No solo permite redescubrir una obra esencial de nuestras letras, sino que también reafirma la capacidad del teatro para dialogar críticamente con la historia y para iluminar problemas que siguen presentes bajo formas distintas.


A casi ciento sesenta años de su publicación, La cuarterona continúa recordándonos que las sociedades no se definen únicamente por las leyes que promulgan, sino también por los prejuicios que toleran y por las voces que deciden escuchar. En esa persistencia de la pregunta reside, quizá, la verdadera actualidad de la obra de Alejandro Tapia y Rivera.

 

 

 

 
 
 

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